El anhelo de caminar acompañada

El anhelo de caminar acompañada

EL ANHELO DE CAMINAR ACOMPAÑADA

 

Durante mucho tiempo tuve un anhelo profundo de tener pareja.

No solamente alguien con quien compartir la vida, el cuerpo, la intimidad o los días.

Anhelaba una pareja con quien caminar.

Alguien con quien compartir la búsqueda, el descubrimiento, la espiritualidad. Alguien con quien poder mirar hacia dentro y hacia fuera de la mano. Una pareja de camino.

Y cuando estaba sola, a veces sentía una pena profunda por no tener eso.

Hoy tengo una relación que, si alguien me hubiera descrito hace años, probablemente habría pensado: «Eso es exactamente lo que deseo».

Nos amamos y, sobre todo, hay mucha paz.

Los dos caminamos por el mismo sendero del Vedanta Advaita. Los dos somos investigadores, sanadores, talleristas, profesores.

Él viene conmigo a mis retiros y forma parte de ellos de una manera preciosa. Si alguien necesita un acompañamiento particular, si alguien se desborda o atraviesa un momento difícil, él puede quedarse a su lado mientras yo continúo sosteniendo al grupo.

Y fuera de los retiros… ha venido a vivir conmigo.

Le gusta la huerta, el campo, esta vida sencilla.

Sabe hacer de todo.

Y compartimos una cotidianidad que, sinceramente, me parece maravillosa.

Y aquí viene lo curioso.

 

Estoy pasmada de mi propia normalidad.

 

No estoy eufórica.

No siento que la vida sea perfecta porque ahora tengo pareja.

No estoy agarrada a ella con la sensación de «por fin lo conseguí».

Simplemente… está aquí.

Y estoy bien.

Muy bien.

Y me pregunto si esto tendrá algo que ver con el Vedanta.

Con esa comprensión de que aquello que buscamos fuera nunca puede darnos realmente lo que creemos que nos falta.

O quizá sea también algo mucho más humano:

que nos acostumbramos rápidamente a lo bueno.

Que aquello que un día parecía extraordinario, cuando se convierte en nuestra vida cotidiana, simplemente pasa a ser nuestra vida.

Pero hay algo que sí puedo reconocer.

Antes, la ausencia de pareja podía convertirse en una historia sobre mí.

Ahora, la presencia de pareja no necesita convertirse en una historia sobre mí.

 

Ni me faltaba algo entonces, ni ahora soy más completa porque alguien esté a mi lado.

 

Y, sin embargo, qué regalo.

Qué regalo poder amar así.

Qué regalo tener un compañero de camino.

Qué regalo compartir la vida con alguien con quien puedo investigar, aprender, trabajar, reír, cultivar la tierra, sostener a otr@s y también quedarnos, simplemente, en silencio.

Quizá la verdadera libertad no sea dejar de desear.

Quizá sea poder recibir lo que llega sin convertirlo en una necesidad.

Y poder disfrutar profundamente de aquello que la Vida trae…

sin olvidar nunca que la plenitud ya estaba aquí.

 

Feliz Vida Plena ❤️⭐️🙏

Sayarimati.com

 

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